
jueves 12 de noviembre de 2009
El místico - Pedro Miguel Lamet

CONVICCIONES CRISTIANAS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).
Poco a poco iban muriendo los discípulos que habían conocido a Jesús. Los que quedaban, creían en él sin haberlo visto. Celebraban su presencia invisible en las eucaristías, pero ¿cuándo verían su rostro lleno de vida? ¿cuándo se cumpliría su deseo de encontrarse con él para siempre?
Seguían recordando con amor y con fe las palabras de Jesús. Eran su alimento en aquellos tiempos difíciles de persecución. Pero, ¿cuándo podrían comprobar la verdad que encerraban? ¿No se irían olvidando poco a poco? Pasaban los años y no llegaba el Día Final tan esperado, ¿qué podían pensar?
Segunda convicción. Jesús volverá y sus seguidores podrán ver por fin su rostro deseado: «verán venir al Hijo del Hombre». El sol, la luna y los astros se apagarán, pero el mundo no se quedará sin luz. Será Jesús quien lo iluminará para siempre poniendo verdad, justicia y paz en la historia humana tan esclava hoy de abusos, injusticias y mentiras.
Tercera convicción. Jesús traerá consigo la salvación de Dios. Llega con el poder grande y salvador del Padre. No se presenta con aspecto amenazador. El evangelista evita hablar aquí de juicios y condenas. Jesús viene a «reunir a sus elegidos», los que esperan con fe su salvación.
Cuarta convicción. Las palabras de Jesús «no pasarán». No perderán su fuerza salvadora. Han de de seguir alimentando la esperanza de sus seguidores y el aliento de los pobres. No caminamos hacia la nada y el vacío. Nos espera el abrazo con Dios. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
viernes 6 de noviembre de 2009
Líbrame del egoísmo
miércoles 28 de octubre de 2009
MARCHA POR LA PAZ

martes 27 de octubre de 2009
TÚ ERES EL PASTOR Y YO EL COADJUTOR...
lunes 26 de octubre de 2009
1 ANIVERSARIO DEL HNO. MANOLO MORENO SANZ

la Trinidad que se hace una con nosotros en su Cuerpo entregado y en su Sangre derramada para que todos tengamos VIDA Y VIDA ABUNDANTE. Y en esa Vida y en esa Sangre la de tantos hermanos que por el mundo sufren a causa de la injusticia, del hambre, del expolio a los países que nos dan lo mejor que tienen a los países más ricos y poderosos. - Te imagino recordándonos: - “¡Mirad quiénes habéis sido elegidos! Lo necio del mundo, lo que no cuenta para confundir a sabios y poderosos”. (1Cor.1,27)
“¡tened confianza, que no se cae ni un pelo sin que nuestro Padre Dios lo permita!” Y también: "TÚ ME AGARRAS DE LA MANO DERECHA, ME GUÍAS SEGÚN TUS PLANES Y ME LLEVAS A UN DESTINO GLORIOSO” (Sal.72). Y es que la cruz y la resurrección las viviste a fondo durante toda tu vida. Y nos querías introducir o hacer penetrar en ella, en la Pascua, con la confianza de Hijas e Hijos de Dios queridos, muy queridos para -como dice Santa Teresa- que descubriéramos que “ella sola es el camino y el consuelo para el cielo”. - Te percibo alentando a tus amigos desde nuestra Casa del cielo. Y diciéndonos y dándonos -como en una nueva Navidad- a cada uno tu mensaje:

Que nada ni nadie te quite la Paz del corazón". Manolo Moreno Sanz
jueves 22 de octubre de 2009
Soy Bartimeo CURARNOS DE LA CEGUERA

¿Qué podemos hacer cuando la fe se va apagando en nuestro corazón? ¿Es posible reaccionar? ¿Podemos salir de la indiferencia? Marcos narra la curación del ciego Bartimeo para animar a sus lectores a vivir un proceso que pueda cambiar sus vidas.No es difícil reconocernos en la figura de Bartimeo. Vivimos a veces como «ciegos», sin ojos para mirar la vida como la miraba Jesús. «Sentados», instalados en una religión convencional, sin fuerza para seguir sus pasos. Descaminados, «al borde del camino» que lleva Jesús, sin tenerle como guía de nuestras comunidades cristianas.¿Qué podemos hacer? A pesar de su ceguera, Bartimeo «se entera» de que, por su vida, está pasando Jesús. No puede dejar escapar la ocasión y comienza a gritar una y otra vez: «ten compasión de mí». Esto es siempre lo primero: abrirse a cualquier llamada o experiencia que nos invita a curar nuestra vida.
El ciego no sabe recitar oraciones hechas por otros. Sólo sabe gritar y pedir compasión porque se siente mal. Este grito humilde y sincero, repetido desde el fondo del corazón, puede ser para nosotros el comienzo de una vida nueva. Jesús no pasará de largo.
El ciego sigue en el suelo, lejos de Jesús, pero escucha atentamente lo que le dicen sus enviados: «¡Ánimo! Levántate. Te está llamando». Primero, se deja animar abriendo un pequeño resquicio a la esperanza. Luego, escucha la llamada a levantarse y reaccionar. Por último, ya no se siente solo: Jesús lo está llamando. Esto lo cambia todo.
Bartimeo da tres pasos que van a cambiar su vida. «Arroja el manto» porque le estorba para encontrarse con Jesús. Luego, aunque todavía se mueve entre tinieblas, «da un salto» decidido. De esta manera «se acerca» a Jesús. Es lo que necesitamos muchos de nosotros: liberarnos de ataduras que ahogan nuestra fe; tomar, por fin, una decisión sin dejarla para más tarde; y ponernos ante Jesús con confianza sencilla y nueva.
Cuando Jesús le pregunta qué quiere de él, el ciego no duda. Sabe muy bien lo que necesita: «Maestro, que pueda ver». Es lo más importante. Cuando uno comienza a ver las cosas de manera nueva, su vida se transforma. Cuando una comunidad recibe luz de Jesús, se convierte.
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).






